21/06/2020

El gran valor de lo que ahora no tiene precio.

Abrazo desde lo más profundo el ingreso mínimo vital para quien lo necesita. Creo que hacía falta desde siempre y nos ayuda a todos a dejar de mirar a otro lado ante las penurias de tantas personas como viven en nuestra misma comunidad. Pero la aprobación por el Congreso de los Diputados de esta medida tan justa, me da pie para comenzar a discutir, también en nuestro país, otro concepto que deberá ir abriéndose paso: remunerar el Beneficio Social Neto (BSN); es decir toda la actividad particular que genera valor positivo para la comunidad y que el PIB no es capaz de capturar.

Actualmente, la medida más común del valor de una economía es el Producto Interior Bruto (PIB), un concepto estandarizado en 1934 como forma de medir el valor monetario agregado de todos los servicios y productos de un país en un periodo de tiempo determinado. Este concepto funciona a medias. Los miles de millones de dólares que se gastan en gasolina mientras los vehículos están detenidos en medio de un atasco, o los que se invierten para reparar propiedades dañadas por los efectos del cambio climático son computados como una contribución positiva al PIB. Sin embargo, no captura el valor de actividades fundamentales, como las labores del ama de casa, el voluntariado o el beneficio de plantar un árbol para la salud de las personas de la comunidad. Esto se debe a que el PIB mide el cuánto, pero no el qué.

Necesitamos una nueva forma de medir el valor de nuestras actividades para completar el PIB; algo que podríamos arrancar desde el concepto del Beneficio Social Neto (BSN)

¿Significa que el PIB no sirve como medida de valor? No, pero solo nos da la idea del tamaño de una economía, no de su calidad en términos de sostenibilidad, beneficio o dignidad para sus habitantes. Necesitamos una nueva forma de medir el valor de nuestras actividades para completar el PIB; algo que podríamos arrancar desde el concepto del Beneficio Social Neto (BSN). Se trataría de medir aquellas acciones con efectos positivos que se realizan en nuestras economías que no aparecen cuantificadas como parte de la economía al no ser remuneradas.

Por ejemplo, el BSN capturaría actividades que no están contempladas en el PIB porque no derivan en transacciones monetarias, pero también el mayor valor de un producto que, por ejemplo, se fabrica con botellas de plástico desechadas, o el efecto positivo sobre la siguiente generación producido por un vecino que ayuda a cuidar a los niños del vecindario. Si percibiéramos el BSN como “el aumento en el bienestar de una sociedad que se deriva de un curso de acción particular”, podríamos construir una nueva teoría sobre el concepto de patrón valor. Es decir, toda acción particular que aumente el bienestar de una sociedad es valiosa para todos, por lo que ese valor podría o debería ser recompensado de alguna manera.

El problema, es que estas actividades positivas hoy en día no se miden porque no existen sistemas que les asignen un valor. Podríamos decir que esas actividades, que todos entendemos como positivas y benéficas, no valen nada en nuestra economía actual. Es el momento de plantearse los modelos, incluido el económico. Hay que medir las acciones positivas no remuneradas que se realizan en nuestras economías, armar sistemas que establezcan un valor y dotarlo de una utilidad práctica.

Imaginemos el nacimiento de una moneda complementaria: el goodwill. Imaginemos también, una herramienta tecnológica que puede medir el grado de contribución a unos objetivos globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 (ODS) que permitan un mundo más justo y un planeta viable. Esta herramienta es capaz de decir a cada persona su contribución a cada objetivo. Y si por ejemplo, ha ayudado a su vecino, organizado un voluntariado en un hospital o contribuido a reforestar árboles, ese individuo es recompensado con diez goodwills. Si, después de almacenar cien goodwills, puede ir a una tienda y comprarse algo, o tomar un café, la gente entenderá que ha sido recompensado por su contribución al Beneficio Social Neto gracias al aporte a su comunidad o a la comunidad global.

Podría ser lanzado desde una ICO (Initial Coin Offering) como cualquier criptomoneda y funcionar en blockchain, donde además podría utilizar ONGs o peers de voluntarios para abaratar el problema de minado que existe en las criptomonedas actuales. Para cerrar el círculo necesitaríamos que el gobierno aceptase una paridad con la moneda oficial, evitando así la inflación y generando una riqueza concreta. ¿Estamos lejos? Seguramente sí, pero antes de utilizar una moneda virtual como es Libra de las grandes tecnológicas o el yuan digitalizado del gobierno chino, ¿por qué no tener una moneda social, estando su generación relacionado con el BSN?.

Creo que sería una manera de recompensar el espíritu innovador, creativo, colaborativo y responsable de las personas, lo que desde los orígenes de la Humanidad nos hizo evolucionar respecto a otras especies, lo que nos ha hecho llegar hasta aquí.

Jose Almansa.